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‘The informant’: un confidente en Gibraltar

Las películas pueden no revestir novedad y, aun así, resultar válidas como entretenimiento. Ocurre con ‘The informant’, sólido ‘thriller’ en torno al narcotráfico y a las consecuencias de los actos guiado por la solvencia que caracteriza a las propuestas francesas del género. Basado en una novela autobiográfica de Marc Fievet, el filme destaca por la importancia que adquiere el lugar donde se desarrolla en su mayor parte: la ubicación y las peculiaridades políticas de Gibraltar, además de los vacíos legales, determinan el relato.

Tahar Rahim y Gilles Lellouche, en 'The informant' (Alimpro)
Tahar Rahim y Gilles Lellouche, en ‘The informant’ (Alimpro)

Las primeras imágenes, con datos, mapas y documentos alusivos al tráfico de drogas en el Peñón, sirven para introducir al espectador en la historia. Un pasado turbulento en Francia lleva a Marc Duval a empezar de cero en Gibraltar, donde abre un bar. Sus abultadas deudas le obligan a aceptar convertirse en el confidente de un agente de aduanas. Sorprende la inconsciencia del personaje ante los riesgos que asume, situación reflejada mediante el contraste entre lo que representan el mundo criminal y la familia a raíz de la traumática experiencia que vive en Tánger. A su vez, ‘The informant’ también sugiere que el protagonista es un muñeco en el juego de intereses de las autoridades francesas y británicas (no sorprende que aquí España carezca de influencia).

Cartel español de 'The informant' (Alimpro)
Cartel español de ‘The informant’ (Alimpro)

El largometraje transcurre en 1987 y cuenta con una correcta ambientación de la época. Los saltos narrativos de una ciudad a otra evidencian la expansión de la trama y las complicaciones que afronta Duval. Julian Leclercq, responsable de ‘Chrysalis’, dirige la obra con oficio y mantiene el interés, si bien decae en el tramo final.

Los diálogos en francés, inglés, italiano y español invitan a acercarse a ‘The informant’ en versión original subtitulada (VOSE) para atender a sus matices. Gilles Lellouche, actor de presencia, transmite credibilidad en su interpretación. Está acompañado por Tahar Rahim (visto en ‘Un profeta’ o ‘El pasado’), en el papel de un joven funcionario, y de Riccardo Scamarcio, en un buen trabajo como narco italiano.

Lo mejor: la solvencia del conjunto.

Lo peor: tampoco aporta nada nuevo.

Puntuación: 6/10.

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‘Enemy’, la dualidad del ser humano

En la psicología, el concepto del doble permite estimulantes reflexiones porque su posibilidad atrae y aterroriza a partes iguales. Denis Villeneuve explora esa idea en ‘Enemy’, adaptación libre de ‘El hombre duplicado’, novela de José Saramago que a pesar de su significativo potencial cinematográfico ha tardado en llegar a la pantalla, quizá por la complejidad que entraña el autor. La atmósfera turbia y el simbolismo de sus imágenes explican la fascinación que despierta en el espectador receptivo este extraño ‘thriller’ en torno a la dualidad del ser humano. Abierto a interpretaciones, el filme, coproducido entre Canadá y España y presentado en los festivales de San Sebastián y Sitges, apunta a convertirse en un título de culto para los aficionados a las películas que abordan los conflictos de identidad.

Jake Gyllenhaal, por partida doble en 'Enemy' (Alfa Pictures)
Jake Gyllenhaal, por partida doble en ‘Enemy’ (Alfa Pictures)

‘Enemy’ muestra cómo el descubrimiento de una persona idéntica puede dinamitar la existencia. Adam, un profesor de Historia hundido en una rutina gris, se obsesiona con Anthony, un actor, debido a su sorprendente parecido físico y empieza a investigarle. La decisión de llamarle a casa afectará a la vida de ambos. Villeneuve, autor de ‘Incendies’ o ‘Prisioneros’, desarrolla el interés malsano entre los personajes y enfatiza su carácter antagónico. Adam es un hombre nervioso y débil, mientras que Anthony se muestra seguro de sí mismo y deja entrever un fondo violento.

Cartel español de 'Enemy' (Alfa Pictures)
Cartel español de ‘Enemy’ (Alfa Pictures)

La propuesta sumerge en un ambiente de pesadilla, aspecto realzado por la oscura fotografía, el uso de la música, los momentos oníricos (¿qué representan las arañas?) y las relaciones de los personajes, incluidas las parejas de Adam y Anthony. El tono perturbador del relato se manifiesta en la intensidad de los encuentros de los protagonistas o en las imágenes donde Anthony cubre su rostro bajo un casco de moto, así como en los planos aéreos de la ciudad. Ciertos detalles aumentan la intriga e invitan a pensar en distintas teorías sobre lo que ocurre, algo que nunca revela la trama, que se cierra con un desenlace destinado a la controversia.

Jake Gyllenhaal, en una meritoria doble actuación, corrobora que ha alcanzado la madurez interpretativa. Sarah Gadon, cuyo registro aúna fragilidad y afán de control, Mélanie Laurent e Isabella Rossellini, en una breve colaboración, completan el reparto.

Lo mejor: la atmósfera turbia, la dirección de Villeneuve y Jake Gyllenhaal.

Lo peor: la falta de explicaciones potencia el efecto hipnótico de la historia, pero a la vez puede alejar de la misma a parte del público.

Puntuación: 8/10.

‘El consejero’

El cinéfilo busca autoría en las películas, pero el ejercicio de estilo conlleva riesgos, sobre todo si parece la única pretensión del proyecto. Cada línea de diálogo de ‘El consejero’ busca plasmar la impronta de Cormarc McCarthy, en su primer guión para la gran pantalla. El trabajo del novelista es el principal valor y, a su vez, el problema de una obra donde la trascendencia y lo sublime cohabitan con el artificio. La dirección de Ridley Scott y un reparto de lujo atraen al espectador, que debería tener en cuenta que la historia no da ninguna facilidad. ‘El consejero’ resulta una propuesta fallida y, aun así, interesante.

Javier Bardem y Michael Fassbender, en 'El consejero' (Fox)
Javier Bardem y Michael Fassbender, en ‘El consejero’ (Fox)

El ‘thriller’ se estructura en función de las conversaciones entre personajes, a menudo complejas disertaciones, algunas de ellas brillantes. La entrada de un abogado en el turbio negocio de la droga sirve para establecer una lectura moral en torno a la codicia y sus consecuencias. En un principio preguntan al letrado si sabe a qué se enfrenta y después, con la situación descontrolada, le advierten de que ya es tarde para lamentarse.

Scott, poco inspirado detrás de la cámara, está eclipsado por el guión que adapta. A mitad de metraje, cuando los hechos se precipitan, la narración se dispersa y hasta parece olvidarse del protagonista. ‘El consejero’ incluye detalles cargados de simbolismo (los guepardos y su conexión con Malkina) y destaca por una atmósfera en la que el sexo se encuentra latente, como manifiesta la sorprendente escena del siluro y el coche. La oscura imaginación de McCarthy, digna del mejor David Cronenberg, regala un momento por el que será recordada la película.

Cartel de 'El consejero' (Fox)
Cartel de ‘El consejero’ (Fox)

La trama acontece en distintos puntos de México y en Chicago, si bien las localizaciones no engañan y evidencian que parte de ‘El consejero’ se rodó en España. Michael Fassbender, Javier Bardem (con una estrafalaria caracterización) y Penélope Cruz se limitan a cumplir. Más entonados están Brad Pitt y una recuperada Cameron Diaz que borda su papel de mujer fatal.

Lo mejor: la brillantez de algunos diálogos y Cameron Diaz

Lo peor: se olvida por completo del público.

Nota: 6/10.

‘Trance’

Consagrado en Hollywood en virtud de los premios Óscar de ‘Slumdog Millionaire’, y aupado a la cima mediática por su trabajo en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Danny Boyle regresa a la senda del ‘thriller’ con ‘Trance’, película retorcida en torno a la obsesión y las trampas de la mente. Una propuesta guiada por el derroche visual característico del director y que tiene como punto de partida el robo de una obra del pintor aragonés Francisco de Goya. Se trata de un producto menor dentro de la filmografía de Boyle, pero ‘Trance’ cumple con eficacia su objetivo al mantener el interés del espectador, quien siente curiosidad por resolver un rompecabezas de ecos ‘hitchcocknianos’. Lástima que la respuesta y el proceso de búsqueda no resulten tan satisfactorios como se sugería en un principio. Falta audacia narrativa.

James McAvoy protagoniza 'Trance'
James McAvoy protagoniza ‘Trance’

Simon (James McAvoy) trabaja en una casa de subastas y planifica el robo del cotizado ‘Vuelo de brujas’, de Goya, con un grupo criminal. En pleno operativo, recibe un fuerte golpe en la cabeza y, una vez recuperado de la conmoción, no recuerda dónde escondió el cuadro. Por ello, el líder de la banda (Vincent Cassell) le lleva a la consulta de una experta en hipnosis (Rosario Dawson). El complejo vínculo entre paciente y terapeuta dificultará la situación.

Cartel español de 'Trance'
Cartel español de ‘Trance’

‘Trance’ tiene un inicio prometedor en el que se muestra la secuencia del robo del Goya, en el fondo un ‘macguffin’, el pretexto para dirigir la acción hacia los oscuros recovecos del subconsciente. El ‘thriller’, cuya intriga se entremezcla con un incipiente triángulo amoroso, incluye momentos de alucinación, detalles de puesta en escena (por ejemplo, en las sesiones de hipnosis) y explosiones de violencia que mitigan las deficiencias y trucos del desarrollo de la historia. En la última media hora se suceden constantes giros argumentales que, aunque algo tramposos, animan la función.

McAvoy se entrega a la causa alocada de Boyle y Cassel ofrece, en su línea, una sólida interpretación. No obstante, la mejor del trío protagonista es Dawson, en un rol de ‘femme fatale’ con el que regala un desnudo frontal que encandilará a sus (numerosos) seguidores.

Lo mejor: los arrebatos violentos y alucinados

Lo peor: que apenas profundice en la figura de Goya

Puntuación: 6/10.

‘Retreat (Aislados)’

Cartel español de 'Retreat (Aislados)'
Cartel español de ‘Retreat (Aislados)’

Las películas con pocos personajes resultan propicias para explorar los conflictos que surgen ante una situación límite. Es el caso de ‘Retreat (Aislados)’, producción británica que juega con la amenazadora presencia de un extraño y el temor a una epidemia mortal. Un pequeño ‘thriller’ psicológico que, a pesar de la falta de sorpresa en cuanto a su desarrollo, posee encanto y cumple gracias a su solvencia narrativa y el trabajo de Thandie Newton, Cillian Murphy y Jamie Bell. Los filmes que van directos al mercado del DVD (así llegó a España) suelen despertar recelo, si bien ‘Retreat’, con sus defectos, no merece perderse en el mar de la indiferencia.

Una pareja en crisis (compuesta por Newton y Murphy), lastrada por la ausencia de comunicación y hechos traumáticos del pasado, decide pasar unos días en la casa rural de una isla deshabitada. La paz del lugar puede ser el único asidero de su relación. Los problemas aumentan con la irrupción de un soldado herido (Jaime Bell) que asegura que un virus mortal se ha extendido por la población. El militar, con hostilidad, les obligará a atrincherar la casa y a quedarse con él dentro.

Thandie Newton, en una escena de 'Retreat (Aislados)'
Thandie Newton, en una escena de ‘Retreat (Aislados)’

‘Retreat (Aislados)’ mantiene la duda de si el soldado dice la verdad acerca de la pandemia o es un perturbado con malas intenciones y explota esa baza. El largometraje, dirigido por Carl Tibbets, se centra en el retrato de personajes y muestra el dolor y el resentimiento de la mujer, la debilidad del hombre y el carácter violento del militar. Las alusiones a un virus y la presencia de Cillian Muprhy pueden hacer pensar en una variante minimalista de ‘28 días después’. Sin embargo, ‘Retreat’ apuesta por realzar el componente psicológico, con una tensión creciente, en detrimento de la acción o el terror, elección en la que también influye lo reducido del presupuesto. Un enfoque que quizá moleste a los espectadores que esperen un ‘thriller’ al uso y no un tratamiento más intimista.

La puesta en escena atesora detalles sutiles referentes al recelo entre personajes, aunque ‘Retreat’ no termina de aprovechar las posibilidades para la angustia que ofrece un espacio reducido (la mayor parte de la historia acontece en el interior de la casa). Sin resultar muy llamativos, los giros argumentales del último tercio animan la función. Los actores aciertan en sus registros, en especial Bell, el más inspirado.

Lo mejor: la tensión creciente entre personajes.

Lo peor: un recorrido previsible.

Puntuación: 5,5.

‘Grupo 7’

Resulta curioso que ‘Grupo 7’, la película más interesante en la que se ha embarcado hasta la fecha el ídolo juvenil Mario Casas, no haya hecho el ruido que se esperaba, quizá porque la propuesta está destinada al público adulto. Es una lástima, ya que el trabajo de Alberto Rodríguez (‘7 vírgenes’) es un notable ‘thriller’ policiaco, uno de los mejores largometrajes españoles que han pasado por la cartelera en los últimos meses y la constatación de que la industria nacional puede aproximarse al género sin miedo.

El argumento se desarrolla a finales de la década de los 80 en Sevilla. La capital andaluza se prepara para la Expo de 1992 y la Policía tiene la misión de intensificar la lucha contra la droga y limpiar los bajos fondos. El cometido recae en el Grupo 7, unidad en la que entra Ángel (Casas), un joven aspirante a inspector. Gracias a sus métodos poco ortodoxos, el Grupo 7, compuesto por Rafael (Antonio de la Torre), Ángel, Miguel (José Manuel Poga) y Mateo (Joaquín Núñez), empezará a ser temido en la calle. La contrapartida reside en que los agentes cruzarán la difusa línea que separa el bien y el mal, lo que les hará ganarse enemigos. De forma paralela, la labor policial afectará al carácter y a la vida personal de Ángel.

La historia de ‘Grupo 7’ no es demasiado original, pero sí intensa y efectiva, con momentos vibrantes y otros más dramáticos. El filme destaca por las actuaciones del reparto (en especial un inmenso Antonio de la Torre), su descripción de los ambientes marginales y el oficio detrás de la cámara de Rodríguez. Cine de calidad.

Lo mejor: la fuerza del relato y las actuaciones.

Lo peor: que no haya tenido más repercusión.

Puntuación: 7/10.

‘Luces rojas’

En el cine español es cada vez más frecuente la existencia de proyectos que, con la mirada puesta en el mercado internacional, se ruedan en inglés y cuentan con figuras del ‘star system’ estadounidense y europeo. Una forma de fortalecer la industria y de paso explorar géneros menos transitados. Es el caso de ‘Luces rojas’, tercer trabajo (hasta la fecha el más ambicioso) del director gallego Rodrigo Cortés, protagonizado por Cillian Murphy, Sigourney Weaver y Robert De Niro. Un ‘thriller’ de temática paranormal que entretiene y seduce al espectador a pesar de su irregularidad y de dejar cierto poso amargo; el resultado no es tan redondo como se presuponía. Quizá sea porque, como los psíquicos que retrata, en el fondo vive de la apariencia.

Margaret Matheson (Weaver) y su ayudante Tom Buckley (Murphy) investigan casos supuestamente paranormales. Su objetivo consiste en descubrir el fraude de quienes se aprovechan de crédulos y analfabetos funcionales alegando que tienes poderes y conexiones con otra realidad. El retorno a la vida pública, después de 30 años de ausencia, del misterioso mentalista Simon Silver (De Niro) empezará a obsesionar a Buckley, deseoso de desenmascararle. Pero hay cosas que es mejor no saber…

‘Luces rojas’, presentada en el Festival de Sundance, evidencia el talento visual y el brío narrativo de Cortés, también responsable del guion. La cinefilia de Cortés es palpable en cada escena (esas lámparas ‘lynchianas’…). No obstante, la película se resiente por unos cambios bruscos de estilo, algunos efectismos y un desarrollo en el que no faltan los tópicos, como la presencia de personajes funcionales (por ejemplo, el interpretado por Elizabeth Olsen). Los citados defectos se contrarrestan con una impecable factura técnica (no parece española) y un convincente reparto. Asimismo, se agradece su original desenlace, que aquí no vamos a desvelar. En términos generales, pese a sus lagunas, se trata de una propuesta interesante.

Lo mejor: la osadía de Cortés y el aspecto técnico.

Lo peor: los tópicos y sus cambios de ritmo.

Puntuación: 6/10