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’12 años de esclavitud’, el horror del pasado

Las películas reflejan situaciones del pasado que, vistas con la perspectiva actual, avergüenzan sobre la condición humana. En ‘12 años de esclavitud’, Steve McQueen, director especializado en profundizar en historias espinosas, huye del retrato fácil para aproximarse a un episodio turbio de Estados Unidos y subraya un matiz aterrador: bajo el racismo esclavista latían motivaciones económicas basadas en la idea de propiedad. McQueen confirma que es uno de los mejores autores del momento y dota a la propuesta, candidata a nueve Oscars, de una fuerza que trasciende la pantalla. No juzga a aquella sociedad, solo muestra su funcionamiento. La producción disipa cualquier sospecha alusiva a un supuesto carácter prefabricado para arrasar en la temporada de premios (el tema resulta propicio) y constituye un ejemplo del buen cine que impacta en el espectador.

Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender, en '12 años de esclavitud' (DeAPlaneta)
Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender, en ’12 años de esclavitud’ (DeAPlaneta)

‘12 años de esclavitud’ narra la horrible experiencia de Solomon Northup, un músico negro de clase acomodada que residía junto a su familia en el estado de Nueva York y que en 1841 fue engañado, secuestrado y vendido como esclavo. Al principio de su cautiverio, el protagonista asegura que no se resigna y que desea vivir, pero después las circunstancias le obligan a limitarse a sobrevivir. El filme muestra esa evolución y se centra en el trato que recibe por parte de sus dueños. Si el primero cuida su ‘producto’ y denota un mínimo de humanidad, el segundo, un sádico dominado por su esposa y obsesionado con una esclava, lleva al límite el concepto de propiedad.

Cartel español de '12 años de esclavitud' (DeAPlaneta)
Cartel español de ’12 años de esclavitud’ (DeAPlaneta)

El dolor y la impotencia determinan el ambiente en las plantaciones, en el que también flota lo peor de la esencia humana, presente por ejemplo en cierta escena en la que los esclavos prefieren mirar para otro lado. Esa imagen se queda grabada en el recuerdo del público, al igual que las violentas torturas, el mercadeo de negros (considerado una simple transacción comercial) o el emotivo epílogo.

El guión, escrito por John Ridley a partir del libro del propio Northup, cuida el retrato de personajes en un largometraje al que se le puede reprochar su lentitud en algunos tramos. Dentro de la brillantez del reparto, cabe destacar a Chiwetel Ejiofor, quien transmite pesadumbre y rabia, a Lupita Nyong’o, en una aparición breve pero intensa (su rostro revela la desesperación), y a un inspiradísimo Michael Fassbender. No sorprende que Brad Pitt, aquí productor, se reserve el papel del único blanco bueno.

Lo mejor: el reparto, la dirección de McQueen y la intensidad de sus escenas.

Lo peor: su lentitud narrativa en algunos tramos.

Puntuación: 8/10.

‘El consejero’

El cinéfilo busca autoría en las películas, pero el ejercicio de estilo conlleva riesgos, sobre todo si parece la única pretensión del proyecto. Cada línea de diálogo de ‘El consejero’ busca plasmar la impronta de Cormarc McCarthy, en su primer guión para la gran pantalla. El trabajo del novelista es el principal valor y, a su vez, el problema de una obra donde la trascendencia y lo sublime cohabitan con el artificio. La dirección de Ridley Scott y un reparto de lujo atraen al espectador, que debería tener en cuenta que la historia no da ninguna facilidad. ‘El consejero’ resulta una propuesta fallida y, aun así, interesante.

Javier Bardem y Michael Fassbender, en 'El consejero' (Fox)
Javier Bardem y Michael Fassbender, en ‘El consejero’ (Fox)

El ‘thriller’ se estructura en función de las conversaciones entre personajes, a menudo complejas disertaciones, algunas de ellas brillantes. La entrada de un abogado en el turbio negocio de la droga sirve para establecer una lectura moral en torno a la codicia y sus consecuencias. En un principio preguntan al letrado si sabe a qué se enfrenta y después, con la situación descontrolada, le advierten de que ya es tarde para lamentarse.

Scott, poco inspirado detrás de la cámara, está eclipsado por el guión que adapta. A mitad de metraje, cuando los hechos se precipitan, la narración se dispersa y hasta parece olvidarse del protagonista. ‘El consejero’ incluye detalles cargados de simbolismo (los guepardos y su conexión con Malkina) y destaca por una atmósfera en la que el sexo se encuentra latente, como manifiesta la sorprendente escena del siluro y el coche. La oscura imaginación de McCarthy, digna del mejor David Cronenberg, regala un momento por el que será recordada la película.

Cartel de 'El consejero' (Fox)
Cartel de ‘El consejero’ (Fox)

La trama acontece en distintos puntos de México y en Chicago, si bien las localizaciones no engañan y evidencian que parte de ‘El consejero’ se rodó en España. Michael Fassbender, Javier Bardem (con una estrafalaria caracterización) y Penélope Cruz se limitan a cumplir. Más entonados están Brad Pitt y una recuperada Cameron Diaz que borda su papel de mujer fatal.

Lo mejor: la brillantez de algunos diálogos y Cameron Diaz

Lo peor: se olvida por completo del público.

Nota: 6/10.

‘Prometheus’

‘Prometheus’, una de las películas más esperadas de la temporada veraniega, ha sido recibida con tibieza. El ansiado regreso de Ridley Scott al universo de ‘Alien’ se ha visto perjudicado por las expectativas desorbitadas de los aficionados (la tendencia de Internet a ‘inflar’ proyectos es un arma de doble filo) y una intensa campaña de promoción que enseñaba demasiado. En el ambiente cinéfilo late cierta decepción, algo comprensible y, al mismo tiempo, injusto con el valor del filme. ‘Prometheus’, a pesar de sus errores de guion y ciertos alardes de falsa trascendencia, es una interesante obra de ciencia ficción que ahonda en la mitología de la saga y se encuentra a medio camino entre la ‘precuela’ y el ‘remake’. Destaca sobre todo por su espectacular aspecto visual (algo evidente desde el prólogo) y la actuación de Michael Fassbender, quien corrobora su condición de hombre del momento.

Fotograma de 'Prometheus'Para ver ‘Prometheus’, lo mejor es llegar virgen al cine y evitar la consulta de páginas plagadas de ‘spoilers’ (no es el caso de este ‘post’). En el año 2093, una expedición viaja a un lejano planeta con la esperanza de hallar respuestas sobre el origen de la raza humana. Lo que encontrarán dinamitará sus creencias y les pondrá en un grave peligro.

Da la sensación de que Scott, cineasta perfeccionista, aspira a reinventar el género en cada plano, con la dificultad de que tiene como material de partida un guion que no está a la altura de ese objetivo. El resultado es una película demasiado consciente de sí misma que vive de la apariencia, un truco que se destapa con las deficiencias de la historia, como subtramas prescindibles y personajes con los que es difícil conectar (el de Charlize Theron se lleva la palma), a excepción de los de Noomi Rapace e Idris Elba. Las inconsistencias del argumento también se manifiestan en la última media hora de metraje, en la que los acontecimientos se desarrollan de forma atropellada.

En el lado positivo, ‘Prometheus’ genera tensión, incluye acertados guiños y referencias al original y ofrece entretenimiento de calidad, no exento de sorpresas, al seguidor de la ciencia ficción, que sabrá apreciar su tono adulto, poco habitual en las superproducciones de Hollywood. Podría ser mejor, sí, pero actualiza con dignidad una franquicia clave en el cine ‘sci-fi’, maltratada por inventos como ‘Alien vs. Predator’.

Lo mejor: su fuerza visual y Michael Fassbender.

Lo peor: las inconsistencias del guion.

Puntuación: 7/10.

‘Shame’

Con dos películas, el británico Steve McQueen se ha convertido en un cineasta a seguir. Sus trabajos muestran a personajes al límite y someten al espectador a una experiencia dura, demoledora. En ‘Hunger’, el protagonista era un preso del IRA que estaba en huelga de hambre, y en ‘Shame’ es un adicto al sexo que se siente impotente para frenar sus impulsos. El debut, aún inédito en las salas españolas, estuvo rodeado de polémica por su peligroso mensaje, casi connivente con el ideal terrorista debido a un manipulador retrato de la Policía. Un discurso motivo de aplausos por parte de cierto sector del público en el Festival de San Sebastián, el mismo que equipara erróneamente el problema vasco con el de Irlanda del Norte y habla de opresión. La controversia también acompaña a ‘Shame’ al abordar un tema delicado, aunque en ningún momento busca el morbo. Es una lástima que haya gente que se quede en la superficie y no se percate de que se trata de un notable drama sobre la soledad y la insatisfacción.

Brandon (Michael Fassbender, actor fetiche de McQueen) es un atractivo treintañero que reside en Nueva York. Con dinero y con un buen trabajo, tiene encuentros ocasionales e historias de una noche. Esas aventuras le saben a poco y cada vez necesita más sexo, ya sea en pareja o en solitario. Brandon se adentra en una espiral de autodestrucción, situación que se verá agravada por la irrupción de su hermana Sissy (Carey Mulligan), frágil y problemática.

El filme refleja el vacío existencial de un personaje roto por la frustración que genera una enfermedad que le consume. McQueen hace partícipe de ese sufrimiento al espectador con una cuidada puesta en escena y una visión melancólica e impersonal de Nueva York. Lo mejor de ‘Shame’ reside en las soberbias interpretaciones de Fassbender, ganador de la Copa Volpi en Venecia, y Mulligan, injustamente olvidados en las nominaciones a los Óscar. Ambos demuestran que saben escoger los pasos que dan en su carrera.

Lo mejor: Fassbender y Mulligan.

Lo peor: una polémica absurda.

Puntuación: 7/10