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‘La Venus de las pieles’: un juego de poder y sumisión

El teatro ha estado ligado a la trayectoria de Roman Polanski, un hecho reflejado en adaptaciones como ‘La muerte y la doncella’ o ‘Un dios salvaje’ y en su vocación de desarrollar historias con un número reducido de personajes. ‘La Venus de las pieles’, traslación a la pantalla de la obra de David Ives, aparenta ser un título de transición dentro de su filmografía pero condensa parte de las inquietudes del cineasta y cuenta con un progresivo aire turbio que denota su autoría. La película, sustentada en la entrega interpretativa de Emmanuelle Seigner y Mathieu Amalric, alude a las obsesiones del escritor que aporta facetas de sí mismo en el proceso creativo y explora a su vez el juego de poder y sumisión que puede influir en el amor y los deseos reprimidos. Las reflexiones cautivan al espectador e invitan al debate acerca de una propuesta de fuerza erótica y de motivaciones intelectuales.

Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner, en 'La Venus de las pieles' (Wanda)
Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner, en ‘La Venus de las pieles’ (Wanda)

Un viejo teatro parisino es el escenario del encuentro entre Thomas, un autor, y Vanda, una actriz que acude tarde a la audición para el papel protagonista de la obra, una versión de la novela de Leopold von Sacher-Masoch, inspirador del término ‘masoquismo’. Thomas se siente incómodo y quiere proteger su adaptación ante la insistencia de la mujer, en apariencia ordinaria y embutida en un ceñido traje de cuero, en hacer la prueba. Para sorpresa del escenógrafo, Vanda realiza una interpretación brillante y se sabe todos los diálogos. En sus conversaciones, Thomas y Vanda entran y salen de los personajes de la obra, hasta el punto de que el teatro determina e intensifica la relación.

Cartel español de 'La Venus de las pieles', de Roman Polanski (Wanda)
Cartel español de ‘La Venus de las pieles’, de Roman Polanski (Wanda)

La puesta en escena de Polanski realza la sensualidad de algunos momentos y sumerge al espectador en una atmósfera donde laten el miedo y la atracción, el sexo y el afán de dominar o ser sumiso. La irrealidad se apodera del relato en un tramo final con riesgo de desconcertar, si bien resulta clave para desentrañar las posibles intenciones del director, aspecto en el que también habría que considerar ciertos detalles de ambientación.

Seigner y Amalric demuestran su versatilidad en unos personajes que, en el fondo, implican un doble, o incluso triple, papel. La actriz, mujer de Polanski y habitual en sus proyectos desde los tiempos de ‘Frenético’, desprende magnetismo en cada plano.

Lo mejor: las sugerentes reflexiones que plantea la obra y la versatilidad de Seigner y Amalric.

Lo peor: que sea catalogado, por defecto, como un título menor de Polanski.

Puntuación: 8/10.