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‘Lost river’, el drama conduce a la pesadilla

Por la elección de sus papeles, algunos actores revelan unas inquietudes artísticas que tarde o temprano canalizan también mediante la dirección. Convertido en un icono moderno, Ryan Gosling evidencia su vocación de autor en ‘Lost river’, drama con elementos del ‘thriller’ sobre el que incorpora detalles que atraen por su dimensión malsana y enfermiza. Aproximarse a su debut detrás de las cámaras, del que además firma el guión, exige liberarse de prejuicios y obviar su tono pretencioso con objeto de descubrir a un futuro cineasta que busca articular su universo creativo. Las marcadas influencias estéticas (David Lynch y Nicolas Winding Refn emergen como principales referentes) esconden la habilidad de Gosling para la creación de atmósferas a partir de la fuerza visual. ‘Lost river’ será un título de culto.

Christina Hendricks, en 'Lost river' (Betta Pictures)
Christina Hendricks, en ‘Lost river’ (Betta Pictures)

El relato sumerge en un ambiente desolador y decadente, un entorno casi maldito donde la esperanza desapareció cuando se construyó un embalse. Una mujer acepta un trabajo en un extraño club para afrontar la deuda que pone en peligro la vivienda familiar. El local permite satisfacer las pulsiones ocultas de los clientes, quienes disfrutan de un espectáculo determinado por la sangre y la depravación. En paralelo, el filme se centra en la relación de su hijo mayor con una vecina mientras sufre la amenaza del delincuente que le acecha.

Cartel español de 'Lost river' (Betta Pictures)
Cartel español de ‘Lost river’ (Betta Pictures)

Gosling introduce con acierto el aspecto surrealista: durante un trayecto en taxi, la protagonista cierra los ojos con la intención de descansar antes de su primera jornada laboral y al despertar se adentra en una realidad oscura. El uso envolvente de la música, con temas que recuerdan no por casualidad a la banda sonora de ‘Drive’, se suma a la saturación de colores (reina el morado) y a las sensaciones vaporosas.

Christina Hendricks, en una variante del perfil de madre coraje, representa el lado dramático de la historia frente a un turbio (y estupendo) Ben Mendelsohn. Saoirse Ronan prosigue con su crecimiento como actriz y Eva Mendes colabora en un papel cómplice.

Lo mejor: la atmósfera recreada.

Lo peor: Gosling se entrega al ego del autor.

Puntuación: 7/10.

‘Joven y bonita’: la sexualidad de una adolescente

Las inquietudes de la adolescencia se condensan en la búsqueda personal y en el descubrimiento de la sexualidad. En ‘Joven y bonita’, François Ozon, autor de ‘En la casa’ o de ‘Swimming Pool’, se aproxima a la temática a partir de la historia de una menor que, en el proceso de experimentación, decide prostituirse. El mérito de la película, presentada en los festivales de Cannes y San Sebastián, reside en que ahuyenta el morbo fácil, por lo que no se trata de otro retrato de una ‘lolita’. Lejos del discurso moral, Ozon solo pretende exponer cómo decide vivir el sexo la protagonista, y lo hace mediante una cuidada narrativa potenciada por el simbolismo de las estaciones del año que rigen su estructura y de las canciones alusivas al proceso interior del personaje. El director ofrece un cine de sensaciones realzado por el trabajo de Marine Vacth, actriz de cautivadora belleza.

Marine Vacth protagoniza 'Joven y bonita' (Golem)
Marine Vacth protagoniza ‘Joven y bonita’ (Golem)

El relato comienza con un verano en la playa en el que se hace evidente la lejanía de Isabelle con su familia. No habla, salvo con su hermano pequeño, y se escapa de casa a escondidas para intimar con un chico. Las vacaciones marcan su despertar sexual al suponer la pérdida de la virginidad (Ozon plasma con brillantez su paso de niña a mujer) y revelan su actitud hacia ese aspecto. Asusta la frialdad con la que después entra en el mundo de la prostitución de lujo, al igual que su desenvoltura para llevar una vida oculta. Resulta significativo atender a las relaciones de Isabelle con sus clientes, con una madre primero ciega y luego horrorizada ante la situación, y con un hermano en cuya mente bulle la curiosidad hacia el sexo.

Cartel español del drama 'Joven y bonita' (Golem)
Cartel español del drama ‘Joven y bonita’ (Golem)

El desarrollo transmite realismo y la trama sigue unos pasos lógicos que no se interpretan como tópicos, reflejo de la hábil exposición de Ozon, quien sabe cuándo ser sutil, sensual o descarnado. La importancia de ‘Joven y bonita’ no está en lo que cuenta, sino en el cómo, en las reacciones de los personajes y en la dirección, con momentos de resonancias poéticas (por ejemplo, los planos que muestran a Isabelle por el pasillo del hotel rumbo a la habitación donde tiene sus citas). La historia cambia al llegar el invierno porque la Policía y su entorno descubren el trabajo de la chica, un periodo clave para comprenderla, tanto como su encuentro con Charlotte Rampling en un final abierto a interpretaciones (¿acaso la mujer representa a una Isabelle madura?).

Vacth afronta con sorprendente naturalidad un papel espinoso. Sus miradas hablan por sí mismas y evidencian los sentimientos de una joven inmersa en la distancia emocional.

Lo mejor: el talento narrativo de Ozon y la actuación de Marine Vacth.

Lo peor: la falta de novedad que entraña la historia.

Puntuación: 7/10.