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‘Las sesiones’

El género dramático incluye películas que afrontan temas delicados desde una perspectiva amable, elección que, lejos de desvirtuarlas, favorece la sintonía con el público al recordar que en la vida la amargura se turna con las alegrías (otra cosa es la frecuencia con la que se efectúa el cambio). ‘Las sesiones’, título que responde a las formas del cine ‘indie’ implantado en Hollywood, se enmarca en esta tendencia. A partir de una historia, basada en hechos reales, de un discapacitado físico que, ya adulto, ansía perder la virginidad, el filme remarca la importancia del sexo y, en sentido más amplio, el afecto como forma de completar al ser humano. La propuesta brilla por la naturalidad que transmite y por el estupendo trabajo del reparto. Salvo sorpresa, John Hawkes y Helen Hunt optarán al Óscar y al menos conseguirán la nominación (la segunda en ambos casos). ‘Las sesiones’ emociona a la vez que su optimismo anima a disfrutar de lo que se tiene.

Helen Hunt y John Hawkes, en 'Las sesiones'
Helen Hunt y John Hawkes, en ‘Las sesiones’

La acción se desarrolla a finales de los 80. Mark O’Brien (Hawkes) contrajo la polio de niño, enfermedad que le postró en una camilla y le obligó a utilizar un pulmón de acero. A sus 38 años, se dedica a escribir poemas y artículos periodísticos sobre su experiencia. Nunca ha estado con una mujer, por lo que pide consejo a su sacerdote (William H. Macy) para ver si sería apropiado solicitar ayuda profesional. Como el cura le da luz verde, acude a una terapeuta (Hunt) con la que descubrirá el sexo.

Cartel del drama 'Las sesiones'
Cartel del drama ‘Las sesiones’

‘Las sesiones’, escrita y dirigida por Ben Lewin, combina drama, sensibilidad y humor, presente en alivios cómicos (de resultado desigual), y rebosa frescura en las conversaciones entre el protagonista y su confesor, en la práctica un amigo, y la terapeuta. Las inquietudes del personaje principal y su temor al tabú y lo desconocido (acentuados por su educación católica) representan la incertidumbre que sufre la mayoría de personas cuando se adentran por primera vez en terreno sexual. Los espectadores se identifican (en parte) con Mark O’Brien, y la empatía que genera el largometraje explica su exitoso paso por Sundance y San Sebastián, festivales donde logró los premios del público.

Como se ha indicado, ‘Las sesiones’ alcanza el notable por sus actores. Hawkes conmueve y borda su papel de hombre en busca de afecto y que, en el fondo, tiene miedo a crecer. Asimismo, destaca la valentía de Hunt en un registro difícil que no habría aceptado cualquier actriz por su desnudez física y emocional. Las escenas de sexo, despojadas de morbo, reflejan cercanía e intimidad. Completa el elenco un divertido William H. Macy.

Lo mejor: la naturalidad de las conversaciones y el talento de John Hawkes y Helen Hunt.

Lo peor: la simpleza de algunas situaciones cómicas (los momentos con el recepcionista del motel).

Puntuación: 7/10.

‘Martha Marcy May Marlene’

Siempre ha vivido a la sombra de sus hermanas, las televisivas Ahsley y Mary-Kate, pero ahora ha llegado el momento de Elizabeth Olsen. La pequeña de la familia, una desconocida para el gran público, ha sorprendido por su interpretación en ‘Martha Marcy May Marlene’, perturbador drama que fue una de las sensaciones del panorama ‘indie’ en 2011. El talento de Olsen es el principal valor de esta joya sobre la pérdida de la identidad, premiada con el galardón al mejor director (Sean Durkin) en Sundance. Una de las mejores obras exhibidas el año pasado en la sección Zabaltegui del Festival de San Sebastián.

Martha (Olsen) es una joven que cae en las redes de una secta de la América profunda gobernada por Patrick (John Hawkes), el carismático líder. El grupo vive en el campo, con las mujeres sometidas a los deseos del cabecilla. Martha escapa de aquella opresión y consigue reencontrarse con su hermana y su cuñado (Sarah Paulson y Hugh Dancy), que la acogen en su casa. Sin embargo, Martha se verá atrapada por sus recuerdos y empezará a obsesionarse con la idea de que la persiguen.

El gran acierto de ‘Martha Marcy May Marlene’ reside en que el espectador se identifica con la protagonista, hasta el punto de que tiene la sensación de que algo inquietante va a ocurrir. Esto es posible gracias a la actuación de Olsen, con un rostro que hipnotiza, y la eficaz dirección de Durkin. Un aterrador relato sobre la alienación que gustará a los cinéfilos.

Lo mejor: Elizabeth Olsen y la atmósfera inquietante.

Lo peor: que pase sin trascendencia por las salas.

Puntuación: 7/10

‘Bellflower’

Hay películas que compensan la falta de ruido mediático con la admiración que le profesan determinados sectores del público. Así se origina el fenómeno de las obras de culto. ‘Bellflower’, una de las sensaciones ‘indie’ de 2011, obtendrá pronto ese estatus. Evan Glodell, al más puro estilo Juan Palomo, dirige, escribe, produce, edita y protagoniza una historia de amor (con el inevitable desengaño posterior) diferente, que combina y pervierte géneros y referencias. El largometraje, rodado con apenas 17.000 dólares, es una pieza de autor con una fuerza que ya quisieran otros debutantes. Incluye imágenes poderosas debido a sus alusiones apocalípticas, aunque a ratos desconcierte por su pastiche referencial.

Woodrow y Aiden, amigos desde la infancia, tienen un peculiar ‘hobby’: trabajar en la construcción de un lanzallamas. Están obsesionados con la saga ‘Mad Max’ y fantasean con la idea de dominar el mundo con su banda imaginaria Mother Medusa en caso de que se desatara el apocalipsis. Con el lanzallamas y un coche ‘tuneado’ a la altura de las circunstancias, actuarían a su antojo en medio del caos. Al margen de las ensoñaciones, Woodrow conoce en un bar a Milly, una chica con la que enseguida surge el flechazo. La relación funciona a la perfección hasta que, como suele ocurrir, el amor se consume. Entonces salen a la luz el dolor, la rabia y los reproches, lo que tendrá consecuencias funestas.

‘Bellflower’, ganadora del premio del jurado joven en Sitges, comienza más o menos en la línea de las comedias ‘mumblecore’ de Estados Unidos, pero conforme avanza la trama el tono cambia de forma radical, con el montaje acelerado y la narración discontinua. En cierto punto pierde ritmo, si bien lo recupera con unos brillantes 45 minutos finales caracterizados por la violencia y el nihilismo. ‘Bellflower’ es excesiva e irregular, aunque también estimulante (atención a su apartado visual). Algún espectador no podrá quitarse de la cabeza esta peculiar ‘road movie’ romántica y apocalíptica.

Lo mejor: la audacia de Glodell.

Lo peor: el conjunto resulta excesivo.

Puntuación: 7/10.