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‘Sólo para dos’, enredos a la española

Las historias de enredos han caído en desuso en el cine español, por eso la comedia ‘Sólo para dos’ desprende cierto aire caduco al recuperar la temática. La torpeza de la propuesta, coproducida con Argentina, se manifiesta en un desarrollo tan previsible que el espectador adivina lo que va a ocurrir en cada escena (hasta puede recitar los diálogos antes que los personajes), defecto que limita el efecto humorístico buscado. No obstante, despierta cierta simpatía al apelar a la complicidad mediante una trama que, enmarcada en las eternas diferencias entre sexos, muestra arrebatos pasionales en un hotel de Isla Margarita. Las alusiones a la telenovela ‘Cristal’, lejos de suponer simples guiños, revelan que el filme tiene alma de culebrón.

Cartel de la comedia hispanoargentina 'Sólo para dos' (Buena Vista)
Cartel de la comedia hispanoargentina ‘Sólo para dos’ (Buena Vista)

Dirigida por Roberto Santiago, responsable de ‘El penalti más largo del mundo’ o de ‘¿Estás ahí?’, ‘Sólo para dos’ ironiza sobre las relaciones románticas a partir de la crisis que viven Gonzalo y Valentina, propietarios de un centro vacacional al que acuden parejas. El lema del complejo (“Aquí honramos el amor”) contrasta con las tensiones de los dueños y el comportamiento de los clientes. Las conversaciones en torno a la infidelidad y la exposición de sus consecuencias propician momentos en su mayoría postizos o que se alargan en exceso (por ejemplo, en los líos ocasionados por una cena). Estas situaciones, de pura repetición, han perdido gracia en la pantalla, si bien el largometraje juega con ellas de forma insistente. La rutina se apodera del relato, de forma que el alcance de las bromas depende de la predisposición del público a dejarse llevar aun a sabiendas de que se trata de un producto fallido, además de impersonal. La música, sin variar de melodías, satura en lugar de acompañar la narración.

El reparto, con Santi Millán, Martina Gusmán, Antonio Garrido y Nicolás Cabré en los papeles principales, cumple pero en ocasiones resulta poco creíble, ya sea por falta de convencimiento de los actores o por la desgana del guión.

Lo mejor: despierta complicidad como pasatiempo ligero.

Lo peor: su tono postizo.

Puntuación: 4,5/10

‘Carmina o revienta’

Paco León es uno de los rostros populares de la pequeña pantalla gracias a la serie ‘Aída’, guiada por un humor tan básico como criticable. El actor ha sorprendido con su debut en la dirección cinematográfica, ‘Carmina o revienta’, una comedia sobre la picaresca que juega con el costumbrismo andaluz, el absurdo y los elementos del documental. La película se apoya en el talento cómico de Carmina Barrios, protagonista y madre de León, quien también ‘recluta’ a su hermana María. El filme ha dado de que hablar, y no solo por su frescura y originalidad narrativa. León ha apostado por un novedoso marco de exhibición: estreno en salas, lanzamiento en DVD y proyección previo pago a través de Internet y televisión a la carta, todo de forma simultánea. Su estrategia ha abierto un interesante (y necesario) debate en el seno de la industria, no exento de cierto recelo por parte de algunos, en un momento en el que el sector agoniza víctima de la fuga de espectadores. Está por ver si la osadía de León al saltarse los cauces habituales se plasma en una tendencia.

Fotograma de 'Carmina o revienta'El largometraje sigue los pasos de Carmina, una mujer que intenta salir adelante en tiempos difíciles después de que hayan robado varias veces los jamones del local que regenta en Sevilla. El espectador se percatará de que Carmina tiene una filosofía de la vida bastante particular mientras conoce a las personas de su entorno, como su hija y su marido.

‘Carmina o revienta’, la película más mediática del Festival de Málaga (certamen en el que ganó los premios a la mejor actriz, el del público y el del jurado), incluye momentos descacharrantes que, por su condición escatológica y absurda, pueden desconcertar a parte del público. Se trata de una comedia pequeña, simpática y curiosa que muestra a Paco León como un autor con discurso humorístico propio.

Lo mejor: el desparpajo de Carmina Barrios.

Lo peor: su particular sentido del humor puede dejar frío a algunos.

Puntuación: 6/10.

‘Madrid, 1987’

David Trueba se ha atrevido con un arriesgado proyecto personal, despojado de las convenciones actuales de la industria. No podía ser menos al tratarse de una película sobre un hombre y una joven encerrados en un baño y que hablan, mientras están desnudos, de la vida en España, el sexo, el séptimo arte o la literatura. Una obra pequeña en cuanto a medios y aspecto formal que constituye una gratificante experiencia para paladares cinéfilos. Una propuesta anticomercial, en el buen sentido de la palabra, que se exhibió en Sundance y en una sección paralela del Festival de San Sebastián.

Fotograma de 'Madrid, 1987'Como su título indica, la trama se desarrolla en Madrid en 1987. Ángela (María Valverde), una estudiante de Periodismo, se reúne con Miguel (José Sacristán), un veterano y popular articulista, cínico y cansado de la vida. La chica acude al encuentro en busca de respuestas profesionales, mientras que el hombre tiene motivos puramente carnales. Por cuestiones del azar, acabarán encerrados en el baño de un piso, con una toalla como única salvaguarda de su intimidad. En sus conversaciones aflorará el inevitable choque generacional propio de esa etapa de la Transición.

Cartel de 'Madrid, 1987'‘Madrid, 1987’ ofrece unos diálogos con poso, inspirados en citas de distintos artistas e intelectuales, de los mejores que ha dado el cine español en años. Sacristán brilla, como siempre, en su papel, y Valverde corrobora que es más que una ‘lolita’ al mostrar su potencial interpretativo a la vez que hipnotiza al espectador con la belleza de su desnudez. El largometraje, que también destaca por la acertada puesta en escena de Trueba, evidencia la importancia de cuidar el guion, que debería ser el eje vertebrador de todo relato cinematográfico, aunque por desgracia no siempre es así.

Lo mejor: los diálogos y la osadía del experimento.

Lo peor: que no haya tenido más difusión.

Puntuación: 8/10.

‘La senda’

El cine español tiene más variedad de lo que puede parecer a simple vista. El bombo mediático rodea siempre a los mismos autores, y otras producciones modestas pasan, desafortunadamente, desapercibidas. En cierto modo, se encuentran en el lado invisible de la industria nacional. ‘La senda’, primer largometraje de Miguel Ángel Toledo, encaja en esta descripción. Es una pequeña pieza de suspense con toques de autor que constituye una grata sorpresa. La atmósfera, el tono inquietante de la historia (en todo momento se transmite la sensación de que algo va mal) y la actuación de Gustavo Salmerón hacen olvidar la evidente falta de medios de la propuesta. El filme, que cuenta con un guion escrito por Toledo y el consagrado Juan Carlos Fresnadillo, se presentó en la sección Zonazine del Festival de Málaga.

Película La sendaRaúl (Salmerón) se traslada con su familia a una aislada cabaña para pasar la Navidad. Un intento por salvar lo que queda de matrimonio y estrechar lazos con su hijo, quien le ve con indiferencia e, incluso, temor. La presencia habitual de un joven lugareño que hace buenas migas con la mujer (Irene Visedo) y el niño despertará la hostilidad de Raúl y alimentará sus sospechas de infidelidad. Entonces llegarán las pesadillas y las visiones malsanas.

Cartel de la película 'La senda'‘La senda’ tiene interesantes detalles de puesta en escena que representan los sentimientos del desquiciado protagonista, así como logrados golpes de humor negro. Lo malo es que pierde fuerza a partir del tercer acto debido a su previsibilidad. Se trata de una de esas películas que requieren la mirada cómplice del espectador (consciente de que está ante una obra menor) para saber apreciar sus guiños.

Lo mejor: la atmósfera enfermiza, los detalles de puesta en escena y Gustavo Salmerón.

Lo peor: la previsibilidad que envuelve a la historia en su parte final.

Puntuación: 7/10.

‘Miel de naranjas’

Las películas de la Guerra Civil y la posguerra constituyen un subgénero propio dentro del cine español. Algo lógico al tratarse de un periodo histórico lleno de sombras que no debe olvidarse y ante el que es necesario reflexionar. Los proyectos de este tipo suelen llevar aparejada cierta carga de polémica, inevitable cuando entra en juego la ideología, y más en un pasado tan espinoso. El problema reside en que a menudo se cae en la parcialidad y el maniqueísmo, elementos que sortea ‘Miel de naranjas’, última obra de Imanol Uribe. El director ofrece un relato de amor, represión y lucha clandestina de notable factura y acertado reparto que sin embargo se ve lastrado por un argumento predecible a pesar de las sorpresas de la trama. Uribe obtuvo el premio a la mejor dirección en el Festival de Málaga, donde se presentó en la sección oficial. El filme también ganó la biznaga de plata al mejor guionista novel (para Remedios Crespo) y una mención especial por la actuación de Ángela Molina, en un papel pequeño pero brillante.

Fotograma de 'Miel de naranjas'La historia se desarrolla en la Andalucía de los años 50, década en la que el régimen franquista continuaba con la brutal represión. Enrique (Iban Garate, actor procedente de la televisión vasca y hasta ahora centrado en producciones rodadas en euskera) realiza el servicio militar en un juzgado y trabaja a las órdenes de don Eladio (Karra Elejalde), hombre con peso en el ejército. Se da la circunstancia de que Eladio es el paternalista tío de Carmen (Blanca Suárez), la novia de Enrique. La impotencia de no poder evitar las injusticias y los fusilamientos indiscriminados afectará al ánimo de Enrique, quien decidirá entrar en acción y formar parte de la resistencia. Un cometido que pondrá su vida en peligro.

Póster Miel de naranjas‘Miel de naranjas’ sobresale por su cuidada ambientación; se nota la solvencia de la producción, en la que está detrás Enrique González Macho, presidente de la Academia (con ‘cameo’ incluido). Uribe evidencia su oficio en cada escena y el reparto (con Elejalde y Carlos Santos a la cabeza) cumple sobradamente en una película tan correcta como poco sorprendente. Hay momentos en los que no emociona.

Lo mejor: la cuidada ambientación y la dirección de Uribe.

Lo peor: pertenece a un subgénero algo desgastado y foco permanente de polémica.

Puntuación: 6/10.

‘Los niños salvajes’ (‘Els nens salvatges’)

Los problemas de la adolescencia no resultan desconocidos para el cine; al contrario. ‘Los niños salvajes’ (‘Els nens salvatges’ es su título original en catalán) se suma a la lista de producciones sobre una temática a la que, en el fondo, no aporta demasiada novedad. Sin embargo, se trata de un largometraje honesto, bien dirigido e interpretado que refleja con realismo la desorientación que sufre parte de la juventud española. La obra de Patricia Ferreira fue la triunfadora del Festival de Málaga y obtuvo el premio gordo, la Biznaga de Plata a la mejor película, un reconocimiento quizá excesivo, aunque encaja con lo apuntado en las quinielas de la sección oficial. También consiguió los galardones en la categoría de guion, actriz de reparto (Aina Clotet) y actor de reparto (Àlex Monner, compartido con Álvaro Cervantes, de ‘El sexo de los ángeles’).

Fotograma de 'Els nens salvatges'‘Los niños salvajes’ muestra la vida de tres jóvenes, residentes en Cataluña, con un nexo en común: la falta de comunicación con su entorno. En el instituto, Àlex (Monner) tiene fama de conflictivo. Le gusta pintar grafitis, dibujos en los que evidencia talento. Su problema reside en que no cree en sí mismo, y tampoco ayuda la tensa relación con sus padres, agobiados por las penurias del negocio familiar, un bar. Gabi (Albert Baró) es buen estudiante y entrena a ‘kickboxing’. No queda claro si disfruta con ese deporte o lo practica para no defraudar a su progenitor, una persona de carácter fuerte que anula a su mujer. Laura (Marina Comas), a la que apodan Oki, empieza a coquetear con el alcohol. Es de buena familia, si bien la situación en casa no es agradable; siempre discute con su padre y su madre prefiere mirar para otro lado ante los problemas. Los tres adolescentes se hacen amigos y hablan de sus inquietudes. No obstante, su aislamiento tendrá consecuencias funestas.

Póster de 'Los niños salvajes'Patricia Ferreira emplea la narración no lineal y alterna las vivencias de los protagonistas con lo que ocurre al final, una manera de mantener el interés y dejar caer que el desenlace (por otro lado sorprendente) será trágico. ‘Los niños salvajes’ cuenta con diálogos en catalán y en castellano, señal de la realidad bilingüe de Cataluña.

Lo mejor: los intérpretes y una estructura narrativa que mantiene el interés.

Lo peor: una historia ya vista y, en cierto modo, guiada por estereotipos.

Puntuación: 6/10.

‘Seis puntos sobre Emma’

El mundo del cortometraje, a menudo relegado a un segundo plano mediático, es la principal cantera del cine español. Un ámbito ideal para que los autores cultiven sus discursos personales y se den a conocer en la compleja industria nacional. Roberto Pérez Toledo, con una extensa trayectoria en la realización de cortos, da el salto al largo con ‘Seis puntos sobre Emma’, obra que, pese a los altibajos narrativos, rebosa autenticidad y la energía propia de los proyectos primerizos. El filme, presentado en el Festival de Málaga, obtuvo dos galardones en la sección Zonazine: la biznaga de plata al mejor guion novel y a la mejor actriz, una estupenda Verónica Echegui.

Verónica Echegui en 'Seis puntos sobre Emma'La película se estructura en seis capítulos (o puntos) de la vida de Emma (Echegui), una joven ciega que anhela convertirse en madre. No busca al hombre perfecto, solo quiere su semilla. Es una mujer segura y decidida (en apariencia), y entiende que con un bebé su existencia cobrará un sentido pleno. Su relación con el psicólogo de la terapia en la que participa le hará descubrirse a sí misma.

Cartel de la película 'Seis puntos sobre Emma'‘Seis puntos sobre Emma’ aborda el tema de la discapacidad, pero en el fondo lo que le interesa a Pérez Toledo es reflexionar sobre la ceguera emocional, de ahí la metáfora que representa en sí el personaje principal. Y lo consigue gracias a la notable interpretación de Echegui, el punto fuerte de una película que pierde fuelle e interés cuando transita por los terrenos puramente dramáticos, lo que contrasta con el desparpajo y la frescura del comienzo, caracterizado por su sano sentido del humor.

Lo mejor: Verónica Echegui y el desparpajo inicial.

Lo peor: sus altibajos.

Puntuación: 6,5/10.

‘El sexo de los ángeles’

Los triángulos amorosos dan mucho juego en el cine y la fórmula está lejos de agotarse. La producción española ‘El sexo de los ángeles’ se acerca a esa premisa con el aliciente de que en su trama aparecen la homosexualidad y la bisexualidad. Se trata de un drama que aborda temas como los sentimientos, el deseo y la aceptación a partir de una historia de amor libre. El protagonismo recae en Astrid Bergès-Frisbey, prometedora actriz de cautivadora belleza, Llorenç González (de la serie ‘Gran Hotel’) y Álvaro Cervantes (‘Luna, el misterio de Calenda’). El filme de Xavier Villaverde se presentó en la sección oficial del Festival de Málaga, certamen en el que ganó las biznagas de plata al actor de reparto (para Cervantes) y a la fotografía. A pesar de sus defectos (como por ejemplo algunos desvaríos argumentales), la película tiene su interés y gustará al público juvenil.

Carla (Bergès-Frisbey) trabaja como fotógrafa en una revista universitaria. Mantiene una relación estable desde hace años con Bruno (González), con el que convive. Un día Bruno conoce a Rai (Cervantes), un seductor nato, y se hacen amigos. Pronto surge la llama de la pasión y la aventura afectará a su vínculo con Carla. En un principio, la chica se mostrará reacia a la situación, si bien aceptará que Bruno se acueste con un hombre por el amor que siente hacia él. Sin embargo, los celos no desaparecerán y, por paradójico que resulte, Carla empezará a sentirse atraída por Rai, en parte para castigar a Bruno.

‘El sexo de los ángeles’ tarda en entrar en materia, y eso que el público sabe desde un primer momento que narra un romance a tres bandas. Su mensaje sobre la libertad sexual no es tan provocador como pretende, aunque no se puede negar que la trama, apoyada en unas buenas interpretaciones, entretiene y tiene su punto morboso. El largometraje, rodado con diálogos en catalán y castellano, no destaca por su realismo, pero sí retrata ciertas inquietudes juveniles.

Lo mejor: las interpretaciones del trío protagonista.

Lo peor: tarda en entrar en materia.

Puntuación: 6/10.

‘Wilaya’

El Sahara es un pueblo olvidado, oprimido y sin recursos. De ahí que desde el ámbito de la cultura surjan proyectos que reflejan la vida en los campos de refugiados, ya sea en tono de denuncia o con una vocación informativa, de mostrar la cotidianidad (sin por ello perder el ojo crítico) para que el espectador saque sus propias conclusiones acerca de lo que ocurre. En este segundo grupo encaja ‘Wilaya’, película que además hace hincapié en el complicado papel que juega la mujer en esa sociedad. El filme se exhibió en la sección oficial del Festival de Málaga, certamen en el que obtuvo la biznaga de plata a la mejor banda sonora. También se proyectó en el marco de la Berlinale.

A raíz de la muerte de su madre, Fatimetu (Nadhira Mohamed), criada desde niña en España, se ve obligada a regresar al poblado saharaui de Tinduf (Argelia) en el que se encuentra su familia. Allí volverá a verse con su hermana Hayat (Memona Mohamed), un ejemplo de superación dada su discapacidad. Acostumbrada al estilo de vida occidental, a Fatimetu le costará volver a adaptarse a la rutina en el desierto, en especial a las convenciones sociales. Sin embargo, no dudará en comprar un todoterreno y trabajar como repartidora de alimentos junto a Hayat. Una experiencia que unirá de nuevo a las hermanas.

‘Wilaya’, dirigida por Pedro Pérez Rosado, se resiente por culpa de una trama mínima y predecible (a pesar de las alusiones al choque de culturas) que no sostiene el conjunto, a su vez mermado por un ritmo narrativo demasiado lento. El público agradecerá las buenas intenciones y el mensaje de fondo (que expone de forma neutra, sin doctrinas), pero, como largometraje en sí, es una obra limitada. Funciona mejor como retrato del día a día de los saharauis.

Lo mejor: sus buenas intenciones.

Lo peor: una trama menor.

Puntuación: 5/10.

‘The Pelayos’

A pesar de la crisis, que ha afectado al funcionamiento de la industria, el cine español está en expansión creativa, en el sentido de que se aproxima a historias y géneros no tan transitados y con una clara influencia estadounidense. ‘The Pelayos’ es uno de los últimos ejemplos al adaptar el cine ambientado en los casinos al estilo y la picaresca patria. Una película sobre la búsqueda del éxito y la persecución de los sueños a la que se le agradece la apuesta por hacer algo diferente, si bien no termina de cuajar debido a sus altibajos narrativos. El filme, elegido para inaugurar la 15 edición del Festival de Málaga, fue recibido con tibieza por la crítica.

Gonzalo (Lluís Homar) está obsesionado con la idea de hallar un método estadístico que le permita ganar importantes sumas de dinero en los casinos. Por cuestiones de salud (y por estar fichado), vive apartado del mundo del juego, aunque su hijo Iván (Daniel Brühl) ha cultivado esas inquietudes y pretende poner en práctica el sistema en las ruletas. Para ello contará con la ayuda de sus primos y su tío (Miguel Ángel Silvestre, Oriol Vila y Vicente Romero), dispuestos a desbancar el casino dirigido por un hombre al que llaman la Bestia (Eduard Fernández) y con el que Gonzalo tiene cuentas pendientes.

‘The Pelayos’, inspirada en las andaduras en los casinos de la familia García Pelayo, no oculta sus expectativas comerciales, reflejadas por ejemplo en la presencia de Silvestre, el famoso Duque, y Blanca Suárez. Sus personajes (un ligón inocente y descerebrado y una ‘croupier’), en un claro guiño al público adolescente, tienen un romance (como en su vida personal) que ocupa una de las subtramas de la obra. El largometraje se pierde en medio de tantas historias paralelas, con abruptos cambios de estilo y de ritmo. Esa irregularidad es el principal defecto de una cinta cuyo guion carece de la suficiente profundidad como para mantener el interés. Los actores cumplen, aunque en algunos casos están desaprovechados. A pesar de lo mencionado anteriormente, se deja ver.

Lo mejor: su apuesta por realizar un cine comercial diferente en España.

Lo peor: sus problemas de ritmo y la irregularidad.

Puntuación: 6/10.