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‘Looper’

En 2005, el director Rian Johnson llamó la atención en el panorama ‘indie’ con ‘Brick’, historia con aroma al ‘noir’ clásico ambientada en un instituto. Tras rodar ‘The brothers Bloom’ (inédita en España), Johnson vuelve a manifestar su predilección por el género en ‘Looper’, su proyecto más ambicioso hasta la fecha. Una intriga de cine negro en un envoltorio propio de la ciencia ficción. Asesinatos, choques de identidades y saltos temporales al pasado definen a una película cuya principal virtud reside en su desarrollo narrativo, que funciona con la precisión del reloj que lleva el protagonista, el ascendente Joseph Gordon-Levitt, caracterizado para parecerse a su yo del futuro, el icónico Bruce Willis. Se trata de una notable propuesta, sorprendente por momentos, que atrapa al espectador por su hábil mezcla de referentes.

Los viajes en el tiempo existen en el año 2072 y, dada la dificultad para cometer asesinatos, las mafias envían a sus víctimas casi tres décadas atrás, donde unos sicarios conocidos como ‘loopers’ ejecutan el trabajo y se deshacen de los cadáveres. Los ‘loopers’ deben eliminar a cualquier persona, incluso si su objetivo es su versión del futuro, misión a la que se le denomina ‘cerrar el bucle’. Por conocer su triste destino, los asesinos reciben una compensación económica. Joe (Gordon-Levitt) se meterá en un grave aprieto cuando se le escape él mismo (Bruce Willis).

La atractiva premisa de ‘Looper’ tiene su extensión en una historia bien construida y que sabe dosificar los giros argumentales. Rian Johnson, también guionista, juega con las posibilidades narrativas del contraste entre las dos versiones de Joe y sus distintas motivaciones, así como remarca que el camino elegido y las circunstancias determinan la identidad. El largometraje, de poso fatalista, esboza una sociedad futura despojada de valores y en la que reina la pobreza, contexto que puede interpretarse como la evolución lógica de la época actual de seguir la deriva de la crisis y la desigualdad.

Mediado el metraje, ‘Looper’ se mueve por un terreno inesperado y cambia de tono; entonces se descubre como una película de ciencia ficción que combina espectáculo y hondura dramática. Su condición atípica (un filme de autor escondido en las formas de un producto comercial), y su consiguiente estímulo para el cinéfilo, hacen que en la valoración global se pasen por alto ciertas imperfecciones: varios secundarios funcionales y un descenso de la intensidad al comienzo del tercer acto, aunque repunta al final.

Lo mejor: la fuerza del conjunto, que reposa en su desarrollo narrativo, y lo atípico de la propuesta.

Lo peor: algún pequeño bajón de ritmo en el tercer acto.

Puntuación: 7,5/10.

‘Los mercenarios 2’

Con el nuevo siglo llegó el declive de las estrellas de acción de los años 80 y 90, representativas de un tipo de cine al borde de la extinción debido a los cambios profundos que sufrió el género y, con ellos, las preferencias de los espectadores. Salvo excepciones, los largometrajes de puñetazos, sudor y frases lapidarias quedaron relegados al mercado del DVD, lo que llevó aparejado un vertiginoso descenso de la calidad de esos productos, en ocasiones cercanos a la serie Z. En un momento en el que Hollywood ha visto en los juegos nostálgicos una estrategia para conectar con el público, Sylvester Stallone impulsó ‘Los mercenarios’, una forma de reivindicar la acción de vieja escuela. Su éxito ha motivado una segunda parte, para la que se ha reclutado a casi todos los tipos duros de antaño. ‘Los mercenarios 2’ está protagonizada por veteranos que deberían estar ya en el museo (broma que se menciona en el filme), sí, pero funciona como entretenimiento. Se trata de una película de palomitas para los treintañeros que crecieron con Stallone, Arnold Schwarzenegger, Jean-Claude Van Damme y compañía, quienes aplauden y se ríen con los guiños cómplices de una obra a caballo entre el homenaje y la parodia consciente. A su vez, ‘Los mercenarios 2’ es la respuesta díscola a Hollywood, en fase de atontamiento y mojigatería por culpa de ‘Crepúsculo’ y similares.

La trama, una historia de venganza (de tono militarista) con la excusa de la amenaza nuclear, es lo de menos. El prólogo, una declaración de intenciones de lo que va a acontecer, precede a una estructura narrativa que sigue con fidelidad las convenciones clásicas del género y el esquema pelea/chascarrillo/pelea o tiroteo. Simon West sustituye a Stallone en la dirección en una propuesta con mayor presupuesto que el original. Cabe destacar el clímax en el aeropuerto, una orgía de acción con momentos tan significativos como la presencia, metralleta en mano, de Stallone, Schwarzenegger y Bruce Willis en el mismo plano, así como la pelea final entre Sly y Van Damme.

En cuanto al reparto, todos tienen su momento de gloria en función de su peso icónico. El protagonismo recae en el grupo que lidera Stallone, compuesto por Jason Statham, Dolph Lundgren, Terry Crews, Randy Couture, Nan Yu (una acertada aportación femenina) y Liam Hemsworth, cuya inclusión no es casual y sirve de reclamo para los adolescentes. Lo de Jet Li no pasa de ser una colaboración especial. Los fans agradecerán que los personajes de Schwarzenegger y Willis ganen peso con respecto a la primera entrega. Chuck Norris tiene un ‘cameo’ antológico (se hace eco de los chistes en torno a su figura) y Van Damme, el villano de la función, se crece en cada escena y aprovecha los 15 minutos que sale en pantalla. Asimismo, no hay que obviar la participación de Scott Atkins, popular entre los incondicionales del género.

Lo mejor: su reivindicación de un tipo de cine en desuso y los guiños al público cómplice.

Lo peor: que haya espectadores que no se dejen seducir por la propuesta.

Puntuación: 6,5 (sobre 10).