‘Noé’, un nuevo comienzo

El cine se mueve por modas y ciclos. El renovado interés por las películas de contenido religioso en Estados Unidos, tendencia alusiva a la necesidad de creer en tiempos de incertidumbre, explica que Hollywood haya recuperado la figura de Noé. No obstante, la producción no se corresponde con un proyecto al uso dentro de la temática, ya que su artífice es Darren Aronofsky, director de historias obsesivas guiadas por la fuerza estética y la búsqueda existencial. Aronofsky interpreta el relato bíblico en una propuesta de autor camuflada de superproducción que defraudará a los espectadores que solo busquen el espectáculo apocalíptico del diluvio universal. Condenada a la incomprensión, como lo fue ‘La fuente de la vida’, ‘Noé’ enfrenta los designios del creador a las pulsiones e inquietudes humanas. Aquellos que superen el recelo que pueden provocar las variaciones fantásticas respecto a la narración original del arca (por ejemplo, los gigantes de piedra y los extraños minerales) hallarán un filme imperfecto pero con estimulantes detalles acerca de la condición del hombre.

Russell Crowe protagoniza 'Noé' (Paramount Pictures)
Russell Crowe protagoniza ‘Noé’ (Paramount Pictures)

El largometraje está ambientado en un mundo árido y de nómadas marcado por la persecución de los descendientes de Set por parte de los seguidores de Caín, una manera de reflejar la lucha entre el bien y el mal. El principal atractivo reposa en el (polémico) retrato de Noé, quien avanza con extrema determinación hacia el bien superior encomendado por el creador a través de revelaciones. Su idea de justicia, basada en el castigo que merece el ser humano, incluye también a su familia y a él mismo, aspecto reflejado en la significativa exposición sobre el pecado original. Noé entiende el inminente final como un nuevo comienzo donde el agua servirá para purificar la tierra. Su actitud contrasta con la de su mujer, quien le apoya aunque a la vez representa el apego terrenal y ante todo desea dar un futuro a sus hijos, y con la del villano que se considera un rey y cuya actitud evidencia la vileza y el egocentrismo del hombre.

Cartel español de 'Noé', de Darren Aronofsky (Paramount Pictures)
Cartel español de ‘Noé’, de Darren Aronofsky (Paramount Pictures)

Los momentos de batalla épica (durante el asedio al arca) y de cine de catástrofes complementan una película de vocación trascendente y desarrollada de forma paralela a un cómic del propio Aronofsky y el guionista Ari Handel (editado en España en dos pequeños volúmenes). Los efectos visuales relativos al diluvio convencen, no así los CGI de los animales. ‘Noé’ acierta al no limitarse a la construcción del arca y a la llegada de las bestias y se detiene asimismo en lo que ocurre durante y después del Apocalipsis. La secuencia que muestra el paso de los años mediante los cambios en la orografía del río y la escena que revela el estado casi salvaje de la humanidad, además del conflicto de Noé, son los puntos álgidos de una obra por otro lado irregular y en la que cuesta entrar.

Los personajes, salvo el primogénito de Noé, aportan carga dramática. El esfuerzo de Jennifer Connelly, Emma Watson, que deja atrás su etapa juvenil, y Ray Winstone se suma al convencimiento con el que Russell Crowe afronta su papel. Logan Lerman, el hijo mediano, cumple, si bien su actuación resulta algo postiza. Destaca la colaboración de Anthony Hopkins como Matusalén.

Lo mejor: la valentía de Aronofsky en cuanto al contenido.

Lo peor: la irregularidad de un relato exigente a la hora de entrar en la historia.

Puntuación: 7/10.

‘Enemy’, la dualidad del ser humano

En la psicología, el concepto del doble permite estimulantes reflexiones porque su posibilidad atrae y aterroriza a partes iguales. Denis Villeneuve explora esa idea en ‘Enemy’, adaptación libre de ‘El hombre duplicado’, novela de José Saramago que a pesar de su significativo potencial cinematográfico ha tardado en llegar a la pantalla, quizá por la complejidad que entraña el autor. La atmósfera turbia y el simbolismo de sus imágenes explican la fascinación que despierta en el espectador receptivo este extraño ‘thriller’ en torno a la dualidad del ser humano. Abierto a interpretaciones, el filme, coproducido entre Canadá y España y presentado en los festivales de San Sebastián y Sitges, apunta a convertirse en un título de culto para los aficionados a las películas que abordan los conflictos de identidad.

Jake Gyllenhaal, por partida doble en 'Enemy' (Alfa Pictures)
Jake Gyllenhaal, por partida doble en ‘Enemy’ (Alfa Pictures)

‘Enemy’ muestra cómo el descubrimiento de una persona idéntica puede dinamitar la existencia. Adam, un profesor de Historia hundido en una rutina gris, se obsesiona con Anthony, un actor, debido a su sorprendente parecido físico y empieza a investigarle. La decisión de llamarle a casa afectará a la vida de ambos. Villeneuve, autor de ‘Incendies’ o ‘Prisioneros’, desarrolla el interés malsano entre los personajes y enfatiza su carácter antagónico. Adam es un hombre nervioso y débil, mientras que Anthony se muestra seguro de sí mismo y deja entrever un fondo violento.

Cartel español de 'Enemy' (Alfa Pictures)
Cartel español de ‘Enemy’ (Alfa Pictures)

La propuesta sumerge en un ambiente de pesadilla, aspecto realzado por la oscura fotografía, el uso de la música, los momentos oníricos (¿qué representan las arañas?) y las relaciones de los personajes, incluidas las parejas de Adam y Anthony. El tono perturbador del relato se manifiesta en la intensidad de los encuentros de los protagonistas o en las imágenes donde Anthony cubre su rostro bajo un casco de moto, así como en los planos aéreos de la ciudad. Ciertos detalles aumentan la intriga e invitan a pensar en distintas teorías sobre lo que ocurre, algo que nunca revela la trama, que se cierra con un desenlace destinado a la controversia.

Jake Gyllenhaal, en una meritoria doble actuación, corrobora que ha alcanzado la madurez interpretativa. Sarah Gadon, cuyo registro aúna fragilidad y afán de control, Mélanie Laurent e Isabella Rossellini, en una breve colaboración, completan el reparto.

Lo mejor: la atmósfera turbia, la dirección de Villeneuve y Jake Gyllenhaal.

Lo peor: la falta de explicaciones potencia el efecto hipnótico de la historia, pero a la vez puede alejar de la misma a parte del público.

Puntuación: 8/10.

‘Joven y bonita’: la sexualidad de una adolescente

Las inquietudes de la adolescencia se condensan en la búsqueda personal y en el descubrimiento de la sexualidad. En ‘Joven y bonita’, François Ozon, autor de ‘En la casa’ o de ‘Swimming Pool’, se aproxima a la temática a partir de la historia de una menor que, en el proceso de experimentación, decide prostituirse. El mérito de la película, presentada en los festivales de Cannes y San Sebastián, reside en que ahuyenta el morbo fácil, por lo que no se trata de otro retrato de una ‘lolita’. Lejos del discurso moral, Ozon solo pretende exponer cómo decide vivir el sexo la protagonista, y lo hace mediante una cuidada narrativa potenciada por el simbolismo de las estaciones del año que rigen su estructura y de las canciones alusivas al proceso interior del personaje. El director ofrece un cine de sensaciones realzado por el trabajo de Marine Vacth, actriz de cautivadora belleza.

Marine Vacth protagoniza 'Joven y bonita' (Golem)
Marine Vacth protagoniza ‘Joven y bonita’ (Golem)

El relato comienza con un verano en la playa en el que se hace evidente la lejanía de Isabelle con su familia. No habla, salvo con su hermano pequeño, y se escapa de casa a escondidas para intimar con un chico. Las vacaciones marcan su despertar sexual al suponer la pérdida de la virginidad (Ozon plasma con brillantez su paso de niña a mujer) y revelan su actitud hacia ese aspecto. Asusta la frialdad con la que después entra en el mundo de la prostitución de lujo, al igual que su desenvoltura para llevar una vida oculta. Resulta significativo atender a las relaciones de Isabelle con sus clientes, con una madre primero ciega y luego horrorizada ante la situación, y con un hermano en cuya mente bulle la curiosidad hacia el sexo.

Cartel español del drama 'Joven y bonita' (Golem)
Cartel español del drama ‘Joven y bonita’ (Golem)

El desarrollo transmite realismo y la trama sigue unos pasos lógicos que no se interpretan como tópicos, reflejo de la hábil exposición de Ozon, quien sabe cuándo ser sutil, sensual o descarnado. La importancia de ‘Joven y bonita’ no está en lo que cuenta, sino en el cómo, en las reacciones de los personajes y en la dirección, con momentos de resonancias poéticas (por ejemplo, los planos que muestran a Isabelle por el pasillo del hotel rumbo a la habitación donde tiene sus citas). La historia cambia al llegar el invierno porque la Policía y su entorno descubren el trabajo de la chica, un periodo clave para comprenderla, tanto como su encuentro con Charlotte Rampling en un final abierto a interpretaciones (¿acaso la mujer representa a una Isabelle madura?).

Vacth afronta con sorprendente naturalidad un papel espinoso. Sus miradas hablan por sí mismas y evidencian los sentimientos de una joven inmersa en la distancia emocional.

Lo mejor: el talento narrativo de Ozon y la actuación de Marine Vacth.

Lo peor: la falta de novedad que entraña la historia.

Puntuación: 7/10.

‘Sólo para dos’, enredos a la española

Las historias de enredos han caído en desuso en el cine español, por eso la comedia ‘Sólo para dos’ desprende cierto aire caduco al recuperar la temática. La torpeza de la propuesta, coproducida con Argentina, se manifiesta en un desarrollo tan previsible que el espectador adivina lo que va a ocurrir en cada escena (hasta puede recitar los diálogos antes que los personajes), defecto que limita el efecto humorístico buscado. No obstante, despierta cierta simpatía al apelar a la complicidad mediante una trama que, enmarcada en las eternas diferencias entre sexos, muestra arrebatos pasionales en un hotel de Isla Margarita. Las alusiones a la telenovela ‘Cristal’, lejos de suponer simples guiños, revelan que el filme tiene alma de culebrón.

Cartel de la comedia hispanoargentina 'Sólo para dos' (Buena Vista)
Cartel de la comedia hispanoargentina ‘Sólo para dos’ (Buena Vista)

Dirigida por Roberto Santiago, responsable de ‘El penalti más largo del mundo’ o de ‘¿Estás ahí?’, ‘Sólo para dos’ ironiza sobre las relaciones románticas a partir de la crisis que viven Gonzalo y Valentina, propietarios de un centro vacacional al que acuden parejas. El lema del complejo (“Aquí honramos el amor”) contrasta con las tensiones de los dueños y el comportamiento de los clientes. Las conversaciones en torno a la infidelidad y la exposición de sus consecuencias propician momentos en su mayoría postizos o que se alargan en exceso (por ejemplo, en los líos ocasionados por una cena). Estas situaciones, de pura repetición, han perdido gracia en la pantalla, si bien el largometraje juega con ellas de forma insistente. La rutina se apodera del relato, de forma que el alcance de las bromas depende de la predisposición del público a dejarse llevar aun a sabiendas de que se trata de un producto fallido, además de impersonal. La música, sin variar de melodías, satura en lugar de acompañar la narración.

El reparto, con Santi Millán, Martina Gusmán, Antonio Garrido y Nicolás Cabré en los papeles principales, cumple pero en ocasiones resulta poco creíble, ya sea por falta de convencimiento de los actores o por la desgana del guión.

Lo mejor: despierta complicidad como pasatiempo ligero.

Lo peor: su tono postizo.

Puntuación: 4,5/10

‘La Venus de las pieles’: un juego de poder y sumisión

El teatro ha estado ligado a la trayectoria de Roman Polanski, un hecho reflejado en adaptaciones como ‘La muerte y la doncella’ o ‘Un dios salvaje’ y en su vocación de desarrollar historias con un número reducido de personajes. ‘La Venus de las pieles’, traslación a la pantalla de la obra de David Ives, aparenta ser un título de transición dentro de su filmografía pero condensa parte de las inquietudes del cineasta y cuenta con un progresivo aire turbio que denota su autoría. La película, sustentada en la entrega interpretativa de Emmanuelle Seigner y Mathieu Amalric, alude a las obsesiones del escritor que aporta facetas de sí mismo en el proceso creativo y explora a su vez el juego de poder y sumisión que puede influir en el amor y los deseos reprimidos. Las reflexiones cautivan al espectador e invitan al debate acerca de una propuesta de fuerza erótica y de motivaciones intelectuales.

Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner, en 'La Venus de las pieles' (Wanda)
Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner, en ‘La Venus de las pieles’ (Wanda)

Un viejo teatro parisino es el escenario del encuentro entre Thomas, un autor, y Vanda, una actriz que acude tarde a la audición para el papel protagonista de la obra, una versión de la novela de Leopold von Sacher-Masoch, inspirador del término ‘masoquismo’. Thomas se siente incómodo y quiere proteger su adaptación ante la insistencia de la mujer, en apariencia ordinaria y embutida en un ceñido traje de cuero, en hacer la prueba. Para sorpresa del escenógrafo, Vanda realiza una interpretación brillante y se sabe todos los diálogos. En sus conversaciones, Thomas y Vanda entran y salen de los personajes de la obra, hasta el punto de que el teatro determina e intensifica la relación.

Cartel español de 'La Venus de las pieles', de Roman Polanski (Wanda)
Cartel español de ‘La Venus de las pieles’, de Roman Polanski (Wanda)

La puesta en escena de Polanski realza la sensualidad de algunos momentos y sumerge al espectador en una atmósfera donde laten el miedo y la atracción, el sexo y el afán de dominar o ser sumiso. La irrealidad se apodera del relato en un tramo final con riesgo de desconcertar, si bien resulta clave para desentrañar las posibles intenciones del director, aspecto en el que también habría que considerar ciertos detalles de ambientación.

Seigner y Amalric demuestran su versatilidad en unos personajes que, en el fondo, implican un doble, o incluso triple, papel. La actriz, mujer de Polanski y habitual en sus proyectos desde los tiempos de ‘Frenético’, desprende magnetismo en cada plano.

Lo mejor: las sugerentes reflexiones que plantea la obra y la versatilidad de Seigner y Amalric.

Lo peor: que sea catalogado, por defecto, como un título menor de Polanski.

Puntuación: 8/10.

’12 años de esclavitud’, el horror del pasado

Las películas reflejan situaciones del pasado que, vistas con la perspectiva actual, avergüenzan sobre la condición humana. En ‘12 años de esclavitud’, Steve McQueen, director especializado en profundizar en historias espinosas, huye del retrato fácil para aproximarse a un episodio turbio de Estados Unidos y subraya un matiz aterrador: bajo el racismo esclavista latían motivaciones económicas basadas en la idea de propiedad. McQueen confirma que es uno de los mejores autores del momento y dota a la propuesta, candidata a nueve Oscars, de una fuerza que trasciende la pantalla. No juzga a aquella sociedad, solo muestra su funcionamiento. La producción disipa cualquier sospecha alusiva a un supuesto carácter prefabricado para arrasar en la temporada de premios (el tema resulta propicio) y constituye un ejemplo del buen cine que impacta en el espectador.

Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender, en '12 años de esclavitud' (DeAPlaneta)
Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender, en ’12 años de esclavitud’ (DeAPlaneta)

‘12 años de esclavitud’ narra la horrible experiencia de Solomon Northup, un músico negro de clase acomodada que residía junto a su familia en el estado de Nueva York y que en 1841 fue engañado, secuestrado y vendido como esclavo. Al principio de su cautiverio, el protagonista asegura que no se resigna y que desea vivir, pero después las circunstancias le obligan a limitarse a sobrevivir. El filme muestra esa evolución y se centra en el trato que recibe por parte de sus dueños. Si el primero cuida su ‘producto’ y denota un mínimo de humanidad, el segundo, un sádico dominado por su esposa y obsesionado con una esclava, lleva al límite el concepto de propiedad.

Cartel español de '12 años de esclavitud' (DeAPlaneta)
Cartel español de ’12 años de esclavitud’ (DeAPlaneta)

El dolor y la impotencia determinan el ambiente en las plantaciones, en el que también flota lo peor de la esencia humana, presente por ejemplo en cierta escena en la que los esclavos prefieren mirar para otro lado. Esa imagen se queda grabada en el recuerdo del público, al igual que las violentas torturas, el mercadeo de negros (considerado una simple transacción comercial) o el emotivo epílogo.

El guión, escrito por John Ridley a partir del libro del propio Northup, cuida el retrato de personajes en un largometraje al que se le puede reprochar su lentitud en algunos tramos. Dentro de la brillantez del reparto, cabe destacar a Chiwetel Ejiofor, quien transmite pesadumbre y rabia, a Lupita Nyong’o, en una aparición breve pero intensa (su rostro revela la desesperación), y a un inspiradísimo Michael Fassbender. No sorprende que Brad Pitt, aquí productor, se reserve el papel del único blanco bueno.

Lo mejor: el reparto, la dirección de McQueen y la intensidad de sus escenas.

Lo peor: su lentitud narrativa en algunos tramos.

Puntuación: 8/10.

‘Sobran las palabras’: amor y frustraciones en la mediana edad

Las últimas películas de un actor fallecido cobran un significado especial y resulta complicado obviar esa circunstancia, como ocurre en ‘Sobran las palabras’, donde sobrevuela el repentino y triste adiós de James Gandolfini, el icónico Tony Soprano. La directora Nicole Holofcener propone una comedia dramática de apariencia ‘indie’ sobre el amor en la mediana edad y las frustraciones que puede llevar de la mano, una historia sencilla cuya eficacia se sustenta en una encantadora Julia Louis-Dreyfus y en un enorme Gandolfini. El trabajo de sus protagonistas, su sintonía en pantalla y el poder de identificación que sus elementos ejercen en el público elevan un filme convencional en cuanto a desarrollo.

James Gandolfini y Julia Louis-Dreyfus, en 'Sobran las palabras' (Fox)
James Gandolfini y Julia Louis-Dreyfus, en ‘Sobran las palabras’ (Fox)

A partir del encuentro de dos divorciados en una fiesta, ‘Sobran las palabras’ sigue el esquema del proceso amoroso. Primero está la fase de encantamiento, en la que Eva y Albert empiezan a salir y hablan de sus inquietudes, determinadas por los hijos, que se hacen mayores, y sus fallidos matrimonios. La obra se apoya en las conversaciones que mantienen ambos y en las confidencias entre Eva y sus amigas. Después los defectos de cada uno se hacen evidentes, situación agravada porque Eva, sin saberlo, había entablado amistad con la ex de Albert, mujer que envenena la relación con sus comentarios. Aquí ‘Sobran las palabras’ juega con las casualidades de la comedia de enredos y revela que la convivencia en pareja, aparte del cariño, depende de cómo se toleran las manías o defectos del compañero.

Cartel español de 'Sobran las palabras' (Fox)
Cartel español de ‘Sobran las palabras’ (Fox)

Nicole Holofcener, responsable de ‘Amigos con dinero’, demuestra más habilidad como guionista que detrás de las cámaras, con una dirección algo plana, aunque la temática tampoco requiere alardes narrativos. El largometraje, presentado en el Festival de Gijón, incluye diálogos acertados, si bien otras producciones han sabido retratar mejor las diferencias entre sexos. ‘Sobran las palabras’ intenta emular las formas del cine ‘indie’ (objetivo evidente en la estructura, el uso de la música y el tono melancólico) y explora a su vez las consecuencias del síndrome del nido vacío, ya que Eva debe enfrentarse a la marcha de su hija a la universidad.

Louis-Dreyfus y Gandolfini formaban a priori una atípica pareja, pero se complementan a la perfección. El actor desprende ternura y fuerza interpretativa en un registro menos habitual que le permite burlarse de su peso y, de forma indirecta, referirse a su etapa televisiva (el personaje trabaja en una biblioteca que recoge material de series clásicas). Como reflejan los créditos finales, la película está dedicada a Gandolfini. En el reparto figuran Catherine Keener y Toni Collette.

Lo mejor: el tono adulto y el brillante trabajo de Louis-Dreyfus y Gandolfini.

Lo peor: una historia demasiado sencilla.

Puntuación: 6,5/10.

Blog de críticas de cine del periodista Enrique Abenia