‘Cosmópolis’


Al alejarse de los postulados de la nueva carne, las últimas películas de David Cronenberg reflejaban que su cine se había vuelto más accesible para el público medio, sin que por ello perdiera sus rasgos de identidad (plasmados en historias de tono violento y ambientes enrarecidos) ni suavizara su discurso. ‘Cosmópolis’ supone un paréntesis en lo referente a esa tendencia al tratarse de una película densa y extraña, adaptación de una novela de Don DeLillo. Un relato de aire apocalíptico, acorde con los tiempos de protesta, el pesimismo y la desolación imperantes, que alude al final del capitalismo; ‘Cosmópolis’ lanza una crítica hacia el sistema que nos ha llevado al abismo y ha agudizado la diferencia de clases. En el filme se atisba el talento narrativo de Cronenberg y su habilidad para la puesta en escena, pero el resultado está por debajo de lo que se espera del director canadiense. La propuesta se resiente debido a su alarmante falta de empatía, en parte justificable por sus intenciones de fondo. A pesar de su buena disposición y su comunión con el citado poso de denuncia, el espectador nunca entra en la historia, por otro lado pretenciosa. Deja frío y decepciona.

Un joven que ha hecho fortuna con los negocios financieros (Robert Pattinson, quien cumple y se reivindica como intérprete) está obsesionado con cortarse el pelo, y aunque el turbio clima social y las amenazas de muerte lo desaconsejan, recorre la ciudad en su limusina para reunirse con su barbero. A lo largo del trayecto se encontrará con una serie de personajes pintorescos (papeles para los que Cronenberg ha contado con colaboraciones y ‘cameos’ de actores de prestigio, como Paul Giamatti, Juliette Binoche o Mathieu Amalric).

Los diálogos de ‘Cosmópolis’ son complejas disertaciones (a veces incomprensibles) sobre el capitalismo y bordean la grandilocuencia. La obra muestra el alejamiento de la realidad de aquellos que basan los ceros de su cuenta corriente en la especulación. El protagonista vive en una realidad paralela y mira al mundo con un filtro de indiferencia y desprecio (atención a la escena en la que unos manifestantes empiezan a zarandear su limusina sin que se inmute). La intensidad de algunos momentos, la atmósfera y lo enfermizo del conjunto recuerdan que Cronenberg dirige la película, pero esta no emociona.

Lo mejor: el talento narrativo de Cronenberg y la puesta en escena.

Lo peor: la densidad y la falta de empatía.

Puntuación: 5/10.

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