‘El dictador’


El británico Sacha Baron Cohen tiene un don para la comedia provocadora, además de una especial habilidad para generar polémica y, de paso, promocionar sus películas. La osadía tiene premio. Después de convertirse en el chico de barrio Ali G, el reportero kazajo Borat y el gay especializado en moda Brüno, Baron Cohen se transforma en el almirante general Aladeen, protagonista de ‘El dictador’. Un filme que, sustentado en el choque cultural entre Occidente y los países islámicos y la imagen pública de algunos tiranos, se mofa del sistema internacional en su conjunto, además de jugar con determinados clichés de la sociedad estadounidense. Se trata de una obra atrevida que, más allá del trazo grueso de sus chistes, tiene un poso crítico hacia las nuevas formas de poder.

Fotograma de 'El dictador'Aladeen es el despótico gobernante de Wadiya, una (ficticia) república del norte de África. Su forma de dirigir la nación le ha granjeado numerosos enemigos, hasta el punto de que han intentado asesinarle. A pesar de ello, vive sin preocupaciones en el palacio, al margen de los problemas de los ciudadanos y de la presión de la comunidad internacional. Sin embargo, decide desplazarse a Estados Unidos para rebajar la tensión con Naciones Unidas, un viaje en el que será traicionado por sus colaboradores del régimen. Aladeen deberá buscar la manera de recuperar su condición de líder supremo y frustrar la conspiración.

Cartel de la película 'El dictador'Baron Cohen y su compinche, el director Larry Charles, firman una película interesante (alejada del tono de falso documental de ‘Borat’) que a buen seguro habrá molestado a determinados sectores al equiparar las dictaduras con el funcionamiento democrático de la superpotencia americana. En ese sentido, el discurso final no tiene desperdicio, al igual que las alusiones a los intereses económicos y petrolíferos que prevalecen sobre la política. Lo paradójico es que su mensaje no tiene tanta fuerza como se le presupone porque ‘El dictador’ se regodea en los momentos cafres y escatológicos. Una bromas que resultan efectivas, si bien implican carcajadas de corto recorrido.

Lo mejor: sus dardos al sistema internacional y sus intereses ocultos.

Lo peor: se detiene demasiado en la escatología.

Puntuación: 7/10.

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