‘Ira de titanes’


Se le puede acusar de una cierta falta de carisma, pero Sam Worthington goza del respaldo de Hollywood, como lo evidencia el hecho de que se ha convertido en un actor habitual de las superproducciones. El australiano vuelve a encarnar al héroe mitológico Perseo en ‘Ira de titanes’, una secuela digna que cae en los mismos errores de su predecesora, si bien este espectáculo de aventuras y acción ofrece un entretenimiento liviano (y pasajero) al espectador.

Una década después de que acabara con el monstruoso Kraken, Perseo, un semidios hijo de Zeus, lleva una vida tranquila y se dedica a la pesca y a cuidar de su hijo. Sin embargo, no corren buenos tiempos en el Olimpo, ya que la falta de fe de los mortales ha debilitado a los dioses. Una situación que aprovechan Hades, dios del averno, y Ares, de la guerra, para capturar a Zeus con objeto de entregarlo a Crono, un poderoso titán que se encuentra aletargado y recluido en las profundidades del inframundo. Cuando Crono se nutra de la fuerza de Zeus, en la Tierra se desatará el caos. Perseo luchará para evitarlo con la ayuda de la reina Andrómeda y de Agenor, semidios hijo de Poseidón.

‘Ira de titanes’ (rodada en Canarias y con la música del turolense Javier Navarrete), representa lo que Hollywood entiende erróneamente por cine épico. La historia no tiene profundidad alguna y se desarrolla como si se tratase de un videojuego (Perseo supera distintas fases para enfrentarse al villano en la pantalla final). Un hilo narrativo pobre plagado de diálogos previsibles que el espectador conoce antes de que los pronuncien los personajes. Asimismo, al espectador le invadirá una sensación de frustración en el desenlace, como ocurrió con ‘Furia de titanes (quien haya visto la primera parte sabrá el por qué).

A pesar de esas deficiencias, ‘Ira de titanes’ logra el aprobado gracias al competente apartado visual, con buenos efectos digitales, y a la dirección de Jonathan Liebesman. El punto fuerte de la película reside en los secundarios de lujo: Liam Neeson (Zeus), Ralph Fiennes (Hades) y Bill Nighy (Hefesto), quienes disfrutan con unos papeles claramente alimenticios (es decir, lo importante es el cheque).

Lo mejor: el envoltorio visual y los secundarios.

Lo peor: la historia, muy pobre.

Puntuación: 5/10

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